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Re: ¿Cómo debemos de orar?
de Israel Tapia - miércoles, 30 de noviembre de 2005, 16:21
 
 El Espíritu Santo nos ayuda a orar de manera efectiva. Permítame preguntarle: ¿Ha habido algún momento en su vida en el cual se sintió abrumado por la necesidad y el deseo de orar y, sin embargo, al inclinar la cabeza no pudo encontrar palabras para expresar su oración? Quizá en su pena y lucha, usted simplemente cayó de rodillas y gimió. ¿Ese gemido sencillo es una oración?

    Romanos 8:26-27 tiene la respuesta: "Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos".

 Mire usted, aun cuando no podamos pronunciar palabra, el Espíritu de Dios nos ayuda a orar intercediendo por nosotros. Dios sabía que usted y yo confrontaríamos situaciones y circunstancias en las que simplemente no sabríamos cómo orar. Y entonces, ¿Él qué hace? Cuando nosotros no sepamos cómo orar no necesitamos levantar las manos al aire en derrota. En cambio, simplemente necesitamos agradecer a Dios por su Santo Espíritu y decir: "Espíritu de Dios, tú haz la oración en este momento; yo no puedo hacerla por mi cuenta".

    Considere el siguiente escenario: ¿cómo lo manejaría? Imagínese que usted ha recibido una llamada telefónica de una amiga cristiana. Ella ha librado una larga batalla con el cáncer que ha sido muy demandante para ella y su familia, sin mencionar la carga económica que su enfermedad ha propiciado. Ahora, ella le revela que sus doctores le han dado unas cuantas opciones: si no se somete a ningún tratamiento, le quedan dos semanas de vida; puede continuar con el tratamiento que ha tenido; o puede someterse a un nuevo tratamiento experimental pero muy riesgoso. Usted le promete orar por ella, pero cuelga el teléfono con un enorme peso en el corazón y sintiéndose muy abatido.   El mismo Señor Jesús nos advirtió hace mucho tiempo: "En el mundo tendréis aflicción" (Juan 16:33). No obstante, ¿no es alentador saber que no tenemos que confrontar las presiones del mundo con nuestras propias fuerzas? Tenemos una fuente de poder de parte de Dios, ininterrumpida y constante, para servirnos como nuestro maravilloso Ayudador.